Gallardo, otra vez Gallardo

9 Dic. 2019 - 18:07 pm

“La Superfinal de la Libertadores”, así lo denominaba la prensa argentina y sí que lo fue. Hace exactamente un año, el mundo del futbol se paralizaba ante el choque de dos conjuntos argentinos: River Plate-Boca Juniors, un clásico lleno de historia, que solo tendría dos caminos, el sueño eterno: la victoria, o la pesadilla eterna: la derrota.

 En el juego de ida, la Boca recibía a los dos planteles para la primera parte de una final esperada, pero un diluvio, casi que bíblico, presagiaba algo especial. Con el partido postergado para el 11 de noviembre, la Bombonera se volvía a vestir de azul y amarillo. El ambiente era perfecto, los equipos saltaban a la cancha, y mientras la hinchada local arengaba, el “Pity” Martínez ponía la mirada fija en ellos como si desafiarlos se tratara. A los 34’ del PT, Ramón Ávila abría el marcador para el xeneize y Pratto lo empataba sacando del medio. Si, sacando del medio. Antes de finalizar la primera parte, Benedetto volvía a poner arriba a Boca, pero a los 62’, una vez más empataba Pratto. Así terminaba el primer capítulo y el Monumental de Núñez esperaba por el juego definitivo.

Entre vidrios rotos, cortes y declaraciones de lado y lado, el partido del 24 de noviembre en cancha de River se suspendía y no se sabía si el torneo más antiguo del continente tendría un ganador en la cancha o en el escritorio. Por ello, ante la especulación y la zozobra, la Conmebol determinó que la final sí se jugaría y tendría como sede el Santiago Bernabéu. La final pasaba de Núñez a Madrid.

Casi un mes después del juego de ida, lejos de casa, de su gente, el ambiente en Madrid era monumental y su clima era lo más cercano a la parafernalia Sudamericana. Boca pegó primero y Benedetto le mostró la lengua a todo el Bernabéu. ¡Gol de Boca Juniors! Los xeneizes celebraban y por tercera vez en la serie se encontraban arriba en el marcador. Del otro lado, los hinchas de River se llevaban las manos a la cabeza y se esforzaban por contener las lágrimas. El juez pitaba el final del primer tiempo, momento de reflexión para River y para Boca a 45’ de la consagración ante su clásico rival.

Desafortunadamente para Guillermo y sus dirigidos, apareció Pratto, como en la ida, y empató el partido para River Plate. Ahora el que estuvo al borde de las lágrimas, se encontraba desbordado en emoción, y el hincha bostero eufórico ahora mira al infinito pensando que lo peor está por pasar. Y si, cuánta razón tenía. El gol de Quintero y la corrida del “Pity” Martínez con el arco vacío vaticinó la pesadilla para Boca Juniors y dejaba a las puertas del cielo a River Plate. “Que la gente crea, porque tiene con que creer”, retumbaban las pablaras de Gallardo en los oídos de sus hinchas.

No es necesario ser argentino para entender la dimensión de este partido. Hoy, un año después de la consagración, Madrid fue testigo de un guion que ni el mejor director de cine o escritor de literatura ficticia hubiese imaginado. En la historia quedará registrada una final que quizás difícilmente se volverá a repetir, sin embargo, Boca espera que el día de su revancha no tarde.

Nicolas.Bello
Nicolás Bello Pinto