Pelotas Y Letras | Murió Maradona

25 Nov. 2020 - 13:55 pm
AFP

Sí, murió Maradona. Su vida debió congelarse en ese instante del 29 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, llevado en andas, levantando la Copa del Mundo de FIFA como el gran capitán de la Argentina campeona de Bilardo. Él había nacido bueno para el fútbol, pero las vanidades mundanas que danzaban a su alrededor lo corrompieron. Y los demonios que se habían instalado en su cuerpo y mente y los “amigos” alcahuetas que se fueron sumando, terminaron por matarlo. No pudo con sus adicciones, ni con sus angustias, nunca se los pudo sacar.

Lo conocí en ese mundial, en la sede del América de México, donde concentró la selección de Argentina y Caracol Radio tuvo a bien encargarme el cubrimiento. Vi sus juegos, vi su alegría en el diario vivir, y vi como sufría, también, al ser el blanco y atención de la prensa y de los aficionados de todo el mundo. Para entonces, aún sin ganar el mundial, ya había perdido su tranquilidad y su intimidad.

De Villa Fiorito, donde nació, a Argentinos Juniors, a Boca Juniors y al Barcelona su vida fue cambiando del humilde niño, del jugador promesa y de la gran figura. Pero, la llegada a Nápoles le alteró la vida para siempre. Él les dio triunfos y tardes maravillosas a los seguidores azules. Sin embargo, el bajo fondo napolitano le enseñó el camino equivocado y le fue prendiendo el demonio del alcohol, el demonio de las drogas y el demonio de creerse “dios” que fue, sin duda, el último escalón hacia abajo que lo arrojó al infierno vivo de donde no pudo salir jamás.

Nada, ni nadie, lo hizo salir de allí y, entre más vivía, más de hundía y se entregó al error tras error hasta cuando, ésta mañana de miércoles, su corazón, ese que le bombeó la sangre de sus gestas maravillosas, se cansó del mal vivir y dejó de latir dando término a su vida y a sus angustias.

La muerte no borrará su buena y mala vida. Prefiero la buena. La del fútbol por el fútbol. Lástima sí que, lo que el futbol creó, su vida desordenada de lo destruyó.

No corras más Diego, todo terminó. Ni demonios, ni angustias. Descansa tranquilo crack. El fútbol te recordará sólo como un grande, como un grande…

Hugo Illera
Hugo Illera