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Junior de Barranquilla lo tenía ahí. El empate estaba servido, pero una acción en segundos terminó cambiando la historia… y encendiendo los ánimos en el campo de Once Caldas.
Todo comenzó con un cabezazo muy débil de Yimmi Chará, que terminó siendo casi un pase cómodo para el arquero Joan Parra.
El guardameta no dudó: salió rápido, levantó la cabeza y metió un balón largo y preciso que rompió líneas y dejó mal parada a la defensa 'tiburona'.
En cuestión de segundos, Michael Barrios quedó con ventaja y con Dayro Moreno perfilado de frente al arco. Era una jugada clarísima.
Pero Barrios se tomó un segundo de más. Dudó. Cuando finalmente decidió asistir, la defensa ya regresaba y el pase perdió sorpresa.

Dayro alcanzó a rematar, pero el disparo se fue lejos del arco. La frustración fue inmediata. El goleador no ocultó su molestia y le reclamó a su compañero por la demora en una acción que pudo cambiar el rumbo del encuentro.
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De una opción clara de empate para Junior se pasó a una contra letal que terminó en tensión interna. Una jugada que dejó claro que, en este nivel, un detalle —un cabezazo suave, una pausa innecesaria— puede marcar la diferencia entre celebrar… o lamentarse.


