El escenario no pudo ser otro: Flandes, la cuna de ciclismo. Desde la previa el optimismo por lo que se podría ver era máximo, en un exigente recorrido, en el segundo monumento del año, se iban a encontrar los tres mosqueteros: Mathieu van der Poel, Wout van Aert y él, Tadej Pogačar.
La lucha se dio sobre 273 kilómetros, 19 muros y los característicos y difíciles tramos adoquinados; la fuga y las caídas protagonizaron la competencia, pero faltaba que apareciera él.
Daniil Medvedev ganó el Masters 1000 de Miami ante Sinner
Sí, él corre en el ciclismo actual, en el que la tecnología mide y hasta limita el rendimiento de los corredores, pero no se deja llevar; ataca y va a tope con lo que le dice su corazón y sienten sus piernas. Evoca el ciclismo de antaño.
Pogacar sigue haciendo historia
A 17 km de la meta, haciendo ver fácil lo difícil, se fue en solitario, los dejó a todos en el camino y aceleró buscando hacer historia. Llegó a la línea final con un tiempo de seis horas, doce minutos y siete segundos, van der Poel quedó segundo y Mads Pedersen fue tercero.
Nuestros ojos no lo habían visto, por lo menos no esta generación. Antes de Tadej, solo dos corredores habían ganado general del Tour de Francia y Tour de Flandes, Louison Bobet y un tal Eddy Merckx. ¡Tremendo!
Ya tiene tres de cinco, le faltan Milán-San Remo y París-Roubaix, ¿logrará todos los monumentos? Ya nada sorprenderá.