Albert Camus en su libro LA PESTE, entre los muchos desafueros provocados por ese ángel de la muerte, señaló que la humanidad ante esa tragedia devastadora, inimaginable, necesitaba para volver a vivir de actividades relacionadas con el espíritu, con el alma. Esta vez, el mundo se ha arropado con esa vacuna llamada fútbol, una actividad como ninguna para olvidar y adormecer por un rato las secuelas de la alimaña ponzoñosa.
Europa y América le abrieron las puertas a la soledad de los estadios, la competencia con la bandera de los países comenzó a ser la noticia principal en los rotativos del planeta. Un preámbulo del próximo festín en Qatar. Pero vayamos al grano de manera precisa y puntual. Siete cambios se hicieron en la nómina de Colombia para enfrentar a Ecuador. Con ello se vislumbra que el técnico está utilizando el torneo para ajustar sus líneas, que el resultado de la competencia no es ahora tan importante. Al menos es lo que se observa.
Si, porque si es para ajustar líneas debió jugar con la primera opción, necesita de esas horas de vuelo, lo que da a entender que está en periodo de prueba. Esta vez, con esos cambios inesperados, tuvo suerte, Ecuador con su sistema de juego a presión lo hizo ver como un equipo sin ideas, del montón. Le quitó la pelota, lo presionó y le dio un paseo, de esos que desgastan. Y digo que tuvo suerte, porque a Ecuador en esa línea donde las ideas se convierten en gol, le falta contundencia, su artillería está mojada.
Por la presión que sostuvieron durante todo el juego y las múltiples llegadas, al profesor Alfaro le toca revisar las recetas de su sistema para ser efectivo. El gol del inmerecido triunfo, una joya de otro partido. Pertenece a las situaciones especiales que se derivan de la pelota quieta, como fórmula para buscar un gol, que en nada tiene que ver con la realidad del juego.
Este, una joya conversada y pensada entre los ejecutantes, servida en bandeja de oro para anidar la pelota en la red, ante la incredibilidad de todos. El análisis se resume en ese frustrante monólogo de un equipo siempre atacando, con argumentos y el otro defendiéndose sin ideas, muy lejos de los soñado. En el fútbol dicen los entendidos, que lo que es verdad hoy, mañana es mentira. Esperemos que esta página pertenezca al periódico de ayer.